Decía Cortázar algo parecido a esto: que el relato tenía que atraer por su explosividad e inmediatez y que su intenso magnetismo compensaba entonces su brevedad necesaria, mientras que la novela ganaba al lector por puntos y paso a paso.
En cierto modo es verdad. Pues la novela precisa, creo yo, de mayor planificación y asentamiento de ideas, organización, una concienzuda documentación, según sea el caso, y lo más importante, la creación del ambiente del relato se complementa en la novela con la elaboración meticulosa de los personajes, sus características y andadura vital, que no se contradigan en su trayectoria particular, y la idea general de la novela una vez concluída, si engancha la trama, es lo que permanecerá entonces en la memoria tal como tal vez la llamarada explosiva del fuego artificial del relato también nos vislumbró, aunque en menos tiempo, claro.
Fernando Gracia Ortuño
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