Muchos escritores piensan que para dominar la técnica de la escritura, primero hay que comenzar con el relato, y una vez que se está en posesión de dicha facultad, comenzar a escribir novela. De todos modos no son pocos los escritores que han comenzado directamente con la novela y les ha salido muy bien a la primera, desde el mismo principio.
Esto depende de muchos factores. Pero lo que está claro es que la práctica es insoslayable en el arte de escribir, y la lectura cuando menos imprescindible. La inmensa mayoría de escritores vinculan la lectura con la eficiencia en la escritura creativa. La literatura es una, todo está relacionado en ella desde el albor de los tiempos, allá por la época de la antigua Súmer babilónica, en el Creciente Fértil, y en Egipto, con las primeras manifestaciones en forma de escritura cuneiforme sobre tablillas de barro, y la cultura y la formación también influyen poderosamente, si no exclusivamente, en que se pueda conseguir la unidad y la perfección de la novela o el relato.
Antiguamente, y desde su comienzo, la literatura estaba en manos de monjes y sacerdotes, que eran los que tenían las prerrogativas de la escritura, y con ella la administración y la economía y la política, y la cultura, y la ciencia también les pertenecían exclusivamente. En aquellos tiempos, hace más de cinco mil años, muchas de estas primeras composiciones eran en verso. Las epopeyas, los poemas amorosos y las cosmologías eran estructuras narrativas sumamente complejas ya. Sin embargo, guardaban el secreto y la técnica de la escritura coherente y artística.
No dudo en ningún momento que cada epopeya o cosmología o poema tuvieron sus fases de maduración, y estoy convencido que parte de estos ensayos fueron en modelos pequeños, hasta dominar la técnica.
Es por tanto recomendable, y para no insistir sobre el tema en demasía, primero aprender lo pequeño en literatura, y pasar sucesivamente a cosas más complejas, como es el caso de la novela. De hecho, una vez se domina el arte de escribir, se puede conseguir todo lo que se proponga uno si sabe planificar el esquema y la estructura de una obra literaria de la envergadura de la novela.
Fernando Gracia Ortuño
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